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Versiones taquigr√°ficas 2001

Sr. Senador G√≥mez Diez: Se√Īor presidente: voy a fijar la postura del Interbloque Federal del Senado de la Naci√≥n.

La cuesti√≥n que hoy nos convoca puede ser analizada desde dos puntos de vista. Desde la √≥ptica de la prudencia pol√≠tica y desde el punto de vista de la Constituci√≥n Nacional. En lo que respecta a la prudencia pol√≠tica le cabe a esta Asamblea Legislativa, actuando como colegio electoral, resolver el mandato del nuevo presidente. En este sentido, queremos decir que despu√©s de una profunda reflexi√≥n estamos convencidos de que el nuevo presidente que consagre esta Asamblea debe contar con el tiempo suficiente como para desarrollar un gobierno eficaz. Y creemos que ese lapso m√≠nimo de tiempo es el de la terminaci√≥n del mandato presidencial que qued√≥ trunco luego de la renuncia del ex presidente de la Naci√≥n, doctor Fernando de la R√ļa.

Este es un tiempo m√≠nimo como para poder tomar las decisiones dif√≠ciles que requiere la crisis argentina: gobernar con eficacia, solucionar los problemas complejos que hoy padece la Rep√ļblica Argentina, evitar que nuestra Patria caiga en cesaci√≥n de pagos, resolver el grave problema del deterioro de los precios relativos, construir un tiempo distinto --algo que reclama la sociedad argentina-- para vivir en una Argentina con crecimiento econ√≥mico y, fundamentalmente, que la esperanza vuelva a estar presente entre nosotros luego de todas las desilusiones que hemos vivido.

Se ha se√Īalado con absoluta justeza el gasto electoral que tambi√©n le ocasionar√≠a a nuestra Patria la inmediata realizaci√≥n de elecciones en un momento tan cr√≠tico.

Por eso, con relación a la decisión que debe asumir esta Asamblea --la que debe estar guiada por la prudencia--, pensamos que en ejercicio de las atribuciones que le otorga la Constitución como colegio electoral para una situación de emergencia como en la que nos encontramos de renuncia del presidente y del vicepresidente de la Nación, el plazo mínimo para construir un gobierno eficaz es el de la terminación del mandato que quedó trunco.

El otro ángulo desde el cual cabe analizar esta cuestión es, sin duda, el de la Constitución Nacional que nos rige.

En este sentido, dejamos se√Īalado que no nos es posible votar favorablemente el proyecto de resoluci√≥n que se ley√≥ por Secretar√≠a. Adem√°s, cualquier modificaci√≥n de la ley electoral requiere que se siga el mecanismo de sanci√≥n de las leyes con intervenci√≥n de ambas c√°maras del Congreso de la Naci√≥n. As√≠ lo establece la Constituci√≥n para esta clase de leyes y, a partir de la reforma de la Constituci√≥n de 1994, con una mayor√≠a agravada. Por lo tanto, es una materia extra√Īa a la decisi√≥n de esta Asamblea Legislativa.

Por otro lado, violar√≠amos el texto constitucional si establecemos un nuevo mecanismo electoral --aun cuando fuere por esta √ļnica vez-- mediante esta Asamblea Legislativa que exclusivamente tiene facultades como colegio electoral para designar al presidente y, en este caso, fijar la duraci√≥n de su mandato.

En lo que respecta al mecanismo de la ley de lemas debemos decir que no está previsto en nuestra Constitución la que, al referirse a la doble vuelta electoral, con absoluta y total claridad alude a que las fórmulas de candidatos más votados son las que deben ir a la segunda vuelta electoral. Reitero: con claridad alude a la fórmula de candidatos más votados. No se refiere a partidos más votados sino a fórmulas de candidatos porque es un mecanismo electoral que la Constitución no contempla. Además, se trata de un mecanismo cuyos efectos nocivos conocemos muy bien muchos legisladores presentes que provenimos de provincias donde se ha aplicado la ley de lemas, sobre los que no voy a abundar para no extenderme demasiado.

Por otro lado, al constituirse diversas fórmulas de candidatos dentro de un mismo sector político, forzosamente se produce una enorme dispersión de votos que puede determinar que una fórmula que tenga un respaldo muy escaso por parte de la ciudadanía termine siendo consagrada como ganadora. Ello podría dar lugar a que a través de ese mecanismo se engendre un gobierno sin suficiente respaldo popular y, por lo tanto, con una gran debilidad.

Se√Īor presidente: creemos que hay que respetar la Constituci√≥n en lo que hace al mecanismo de sanci√≥n de las leyes, en cuanto a sus disposiciones sobre las maneras y formas de elegir presidente y vicepresidente de la Naci√≥n y, fundamentalmente, en momentos de crisis. Porque es en ellas donde se requiere el ejercicio de la prudencia pol√≠tica y un respeto irrestricto por las reglas de juego del sistema democr√°tico, condensadas en la Constituci√≥n de los argentinos.

Entonces, más que nunca debemos aferrarnos a nuestra Constitución para superar las dificultades de la hora.

Se√Īor presidente: por estas razones y motivos que he expuesto, que hacen a la prudencia y al respeto a la Constituci√≥n, no podemos acompa√Īar favorablemente el proyecto de resoluci√≥n le√≠do por Secretar√≠a. Adem√°s, hacemos votos porque en esta hora dif√≠cil podamos construir coincidencias. Ojal√° pudi√©ramos tener entre todos la grandeza de construir un gobierno de unidad nacional, dejando de lado las mezquindades y las internas pol√≠ticas para que la gente que se ha manifestado en una forma tan clara encuentre a la dirigencia pol√≠tica brindando una respuesta adecuada, prudente y eficaz en el marco de un respeto irrestricto de la Constituci√≥n Nacional.

Sr. G√≥mez Diez. -- Se√Īor presidente: no voy a hacer ninguna cita de ning√ļn tratadista ni estudioso del derecho constitucional, porque me parece que las distintas opiniones doctrinarias han sido volcadas ya con la suficiente amplitud.

Quisiera ser, en este tema, lo suficientemente breve y concreto.

Creo que, desde el punto de vista jur√≠dico, la letra de la Constituci√≥n es absolutamente clara. El art√≠culo 63 de la Carta Magna dice, textualmente: "Ambas C√°maras se reunir√°n por s√≠ mismas en sesiones ordinarias todos los a√Īos desde el primero de marzo hasta el treinta de noviembre." Esto significa que las C√°maras se convocan a s√≠ mismas, se re√ļnen, deliberan y sancionan leyes durante el per√≠odo de sesiones ordinarias que se extiende, como dice la Constituci√≥n, desde el primero de marzo hasta el treinta de noviembre".

Seguidamente expresa el art√≠culo 63: "Pueden tambi√©n ser convocadas extraordinariamente por el presidente de la Naci√≥n o prorrogadas sus sesiones." Vale decir que la Constituci√≥n prev√© las sesiones extraordinarias, en las cuales estamos, por convocatoria del presidente de la Rep√ļblica y prev√© la posibilidad de pr√≥rroga de sesiones ordinarias que, seg√ļn se ha interpretado, puede ser realizada tanto por el Poder Ejecutivo como por ambas C√°maras del Congreso.

Pero, como bien se ha dicho aquí, no se puede prorrogar lo que ya ha vencido, lo que ha fenecido. Si esta situación se llevara a la práctica nos encontraríamos ante el absurdo de estar en sesiones ordinarias de prórroga con la superposición de las sesiones extraordinarias convocadas por el Poder Ejecutivo nacional. Por ende, si estamos en sesiones extraordinarias no puede haber sesiones ordinarias; y si las sesiones ordinarias se prorrogaron antes de su vencimiento, obviamente, el Poder Ejecutivo no puede dictar un decreto de convocatoria a sesiones extraordinarias.

Particularmente, creo que los constituyentes han sido muy claros en lo que han escrito, que es la letra de la Constitución a la cual debemos sujetarnos.

Además de la cuestión jurídica y constitucional en todo esto hay también un ángulo práctico, por llamarlo de alguna manera, para el análisis de esta situación. Se dice que el Congreso no puede quedar ausente de la grave crisis en la cual se encuentra inmerso el país, que debe tratarla y deliberar sobre ella.

Si bien coincido con esta posici√≥n, me pregunto si existe alg√ļn inconveniente de √≠ndole pr√°ctico, encontr√°ndonos en sesiones extraordinarias, para abordar los temas relativos a la crisis que hoy embarga a la Naci√≥n Argentina. Realmente, no encuentro ninguno.

Tal como se lo se√Īalara con buen criterio, lo que debemos tratar los legisladores en el marco de esta crisis es el programa econ√≥mico. Y en ese sentido creo que el mejor marco es el proyecto de ley de presupuesto, que resulta ideal para abordar esta cuesti√≥n de fondo que no admite m√°s dilaciones.

Tambi√©n ha se√Īalado muy bien el senador Alperovich que en reiteradas oportunidades este Congreso posibilit√≥ la ejecuci√≥n del actual programa econ√≥mico mediante la sanci√≥n de diversas leyes.

Debo decir que el programa de convertibilidad concluyó en nuestro país el viernes 30 de noviembre --hace veinte días-- con la corrida cambiaria que se produjo en esa oportunidad.

Contamos con 69 mil millones en dep√≥sitos; 17 mil millones son los dep√≥sitos a la vista, los que el p√ļblico podr√≠a retirar de cuentas de cajas de ahorro o de cuentas corrientes. El Banco Central cuenta con una reserva de 8.500 millones de d√≥lares y 7 mil millones son los dep√≥sitos de las entidades financieras. ¬ŅUstedes creen que en este escenario es posible la convertibilidad? Desde luego que no. Se termin√≥; pertenece al pasado. Lo que debemos discutir es la b√ļsqueda de un nuevo camino, de un rumbo que le permita el pa√≠s salir de esta situaci√≥n de cuatro a√Īos de recesi√≥n econ√≥mica, con fuerte crecimiento del desempleo y con un profundo deterioro en la distribuci√≥n del ingreso. Eso es lo que tenemos que debatir: un nuevo camino que nos permita crecer y dar esperanzas a la gente que hoy est√° haciendo sus reclamos en las calles. Se termin√≥ un tiempo, un ciclo, una d√©cada en la Argentina. Y finaliz√≥ el viernes 30 de noviembre. Esa es nuestra responsabilidad en este tiempo que vamos a protagonizar entre todos, que va a ser de profundos cambios y de un nuevo rumbo.

En primer lugar, hay que construir urgentemente un fuerte consenso pol√≠tico para poder llevar adelante, de manera exitosa, el tramo externo del canje de la deuda. Si se analizan los n√ļmeros que envi√≥ el Poder Ejecutivo nacional, se prev√© el canje con una tasa de inter√©s del 3 por ciento. Si queremos ser exitosos en un objetivo tan ambicioso, debemos mostrarle al mundo un frente unido, al menos en este aspecto.

Incluso considero que el Poder Ejecutivo debería convocar a un equipo técnico multipartidario a fin de encarar tareas de asesoramiento en la difícil renegociación de la deuda que nos espera, con el objetivo de evitar que la Argentina caiga en cesación de pagos. Deberían aprovecharse estos días tan importantes --porque es un tiempo que no volverá a repetirse-- para poder analizar este nuevo camino y un nuevo programa que le permita a la Argentina crecer y superar sus dificultades, plan que va a requerir forzosamente de un consenso entre las fuerzas políticas y, fundamentalmente, entre el Poder Ejecutivo y el Congreso nacional, que hoy tiene, además, otra composición política.

Todo esto puede hacerse sin violentar la Constitución, analizando esta ley de tanta importancia que es el presupuesto nacional, pues también tenemos facultades estando en el período de sesiones extraordinarias. Y esto es así a tal punto que, si queremos interpelar al ministro de Economía como representante del Poder Ejecutivo nacional, podemos hacerlo. Y creo que este es el gran debate que tenemos pendiente.

Hace a√Īos, un gran intelectual que quer√≠a mucho a la Argentina, nos dijo a todos "argentinos a las cosas".

Debemos dejar de irnos por las ramas para concentrarnos en el fondo mismo de la cuesti√≥n que es la √ļnica manera de superar los males que hoy tenemos.

Podemos recorrer ese camino entre todos porque es posible y es lo que está esperando la gente. Y como aquí se ha dicho, la gente no está esperando más conflictos, está esperando soluciones y sabe que acá hay un tiempo que concluyó en nuestro país y que es nuestra responsabilidad --como dirigentes-- el debatir y construir una alternativa que nos permita cambiar; una alternativa que nos permita tener esperanzas. Eso es posible y, además, es posible sin violentar la Constitución